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		<title>Primer blog : Primer blog</title>
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		<description>Tu primer blog</description>
		<lastBuildDate>Fri, 19 Mar 2010 19:08:59 GMT</lastBuildDate>
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		<title>binerito</title>
		<category>Primer blog</category>
		<pubDate>2008-05-29T15:56:36Z</pubDate>
		<description>&lt;h2&gt;Al buen tuntún. &lt;/h2&gt;&lt;br /&gt;&lt;h4&gt;El propósito de los “Seis Sombreros para Pensar” es desembrollar el pensamiento, de modo que el pensador pueda usar un modo de pensar después del otro – en lugar de hacer todo al mismo tiempo o intentar hacerlo. El mayor valor de los sombreros es que brindan una formalidad y una convención para requerir cierto tipo de pensamiento tanto de nosotros mismos como de los demás. Fija las reglas de juego del pensamiento. Cualquiera que lo juegue va a conocer estas reglas.Cuanto más se utilicen los sombreros, más se integrarán a la cultura del pensamiento. Todos los miembros de una organización deberían aprender este lenguaje básico de modo que se pueda incorporar a la cultura. La moral de selección y la moral de domesticación apelan, para imponerse, a idénticos medios; cabe enunciar como axioma capital que para establecer la moral hay que tener la voluntad incondicional de practicar lo contrario de la moral. Tal es”el grande y desconcertante problema que he estudiado con más ahínco: la sicología de los “mejoradores” de la humanidad. Un hecho pequeño, y en definitiva, subalterno, el de la llamada pia fraus, me facilitó el primer acceso a este problema: la pia fraus, el patrimonio de todos los filósofos y sacerdotes que “mejoraron” a la humanidad. Ni Manú ni Platón, Confucio ni los predicadores judíos y cristianos han dudado jamás de su derecho de recurrir a la mentira. ¡No han dudado, en suma, de ningún derecho!... Resumiendo, cabe decir que todos los medios de que se ha hecho uso para moralizar a la humanidad han sido en el fondo medios inmorales. Quizá conozca yo a los alemanes; quizá hasta tenga derecho a decirles cuatro verdades. La nueva Alemania representa una gran cantidad de capacidad ingénita y desarrollada; así que por un tiempo le es dable gastar, y aun derrochar, el caudal acumulado de fuerza. No ha llegado a prevalecer, con ella, una cultura elevada, y menos un gusto exquisito, una “belleza” aristocrática de los instintos; sí, virtudes más viriles que en ningún otro país de Europa. Hay mucha gallardía y orgullo, mucho aplomo en el trato, en la reciprocidad de los deberes, mucha laboriosidad, mucha perseverancia; y una moderación ingénita que necesita, antes que del freno, del aguijón. Por lo demás, en Alemania se obedece todavía, sin que la obediencia implique una humillación... Y nadie desprecia a su adversario... Como se ve, mi deseo es hacer justicia a los alemanes; no quiero apartarme en este punto de mi norma de siempre; pero he de plantearles mis objeciones. Llegar al poder es algo que se paga caro; el poder entontece... En un tiempo se llamaba a los alemanes el pueblo de los poetas y pensadores; ¿piensan todavía? Ahora, los alemanes se aburren con el espíritu y desconfían de él; la política mata todo interés serio por las verdaderas cosas del espíritu. Temo que “Deutschland, Deutschland über Alles” haya acabado con la filosofía alemana... “¿Hay filósofos alemanes?”, me preguntan en el exterior. “¿Hay poetas alemanes? ¿Hay buenos libros alemanes?” Y yo me ruborizo, pero con esa valentía que me caracteriza aun en los trances más difíciles, contesto: “¡Sí, Bismarck!” ¡Como para celebrar qué clase de libros se leen hoy en día! ... ¡Maldito instinto de la mediocridad! ¿Quién no ha pensado con melancolía en lo que podría ser el espíritu alemán? Mas desde hace casi mil años este pueblo se ha venido entonteciendo paulatinamente; en parte alguna se ha hecho un uso más vicioso de los dos grandes narcóticos europeos: del alcohol y el cristianismo. En tiempos recientes hasta se ha agregado un tercero, que basta por sí solo para acabar con toda agilidad sutil y audacia mentales: la música, nuestra obstruida y obstruidora música alemana. ¡Cuánta tétrica pesadez, torpeza, humedad y modorra, cuánta cerveza hay en la inteligencia alemana! ¿Cómo es posible que jóvenes que consagran su vida a los fines más espirituales no sientan el instinto primordial de la espiritualidad, el instinto de conservación del espíritu y beban cerveza?... El alcoholismo de la juventud erudita tal vez no ponga en tela de juicio su erudición, que sin espíritu se puede hasta ser un gran erudito, pero en cualquier otro plano de cosas es un problema. ¡Dónde no se comprueba esa suave degeneración que la cerveza determina en el espíritu! En cierta ocasión, en un caso que casi adquirió celebridad, denuncié tal degeneración: la degeneración de nuestro librepensador alemán número uno, del listo David Strauss, autor de un evangelio de cervecería y “nuevo credo”... No en balde había rendido pleitesía en verso a la “encantadora morocha”, jurándole lealtad hasta la muerte... Crítica del modernismo. Todo el mundo conviene en que nuestras instituciones ya no sirven para nada. Pero la culpa no la tienen ellas, sino nosotros. Tras haber perdido todos los instintos de los que surgen las instituciones, perdemos las instituciones porque ya no servimos para ellas. Siempre el modernismo ha sido la forma de decadencia del poder de organización; ya en Humana, demasiado humano I, 349, he definido la democracia moderna, junto con sus cosas a medio hacer, como el “Reich alemán”, como forma de decadencia del Estado. Para que haya instituciones debe haber un tipo de voluntad distinto, imperativo, antiliberal hasta el summum: la voluntad de tradición, de autoridad de responsabilidad ante centurias por venir, de solidaridad de cadenas de generaciones hacia adelante y hacia atrás in infinitum. Si existe tal voluntad, se establece algo como el Imperio Romano o como Rusia, la única potencia que hoy tiene duración, que puede esperar, que puede aún dar promesas; Rusia, la antítesis de la miserable fragmentación y nerviosidad de Europa, que han hecho crisis con la fundación del Reich alemán... Todo el Occidente ha perdido esos instintos de los que surgen las instituciones, de los que surge el porvenir: no hay acaso nada tan reñido con su “espíritu moderno”. Se vive para el hoy, muy de prisa; se vive de una manera muy irresponsable: precisamente a esto se le llama “libertad”. Lo que convierte en instituciones las instituciones es despreciado, odiado, repudiado; en cuanto se pronuncia la palabra “autoridad” se cree correr peligro de caer en una nueva esclavitud. A tal extremo llega la decadencia en el instinto valorativo de nuestros políticos, de nuestros partidos políticos: prefieren instintivamente lo que desintegra, lo que acelera el proceso... Testimonio de ello es el matrimonio moderno. Éste claramente ha perdido su buen sentido; mas esto no constituye una objeción contra el matrimonio, sino contra el modernismo. Radicaba el buen sentido del matrimonio en la responsabilidad jurídica exclusiva del hombre, la que aseguraba equilibrio al matrimonio, el cual hoy cojea de ambas piernas. Radicaba el buen sentido del matrimonio en su indisolubilidad fundamental, la que le confería un acento que sabía hacerse oír frente a la contingencia de sentimiento, pasión y momento. Radicaba asimismo en la responsabilidad de las familias por la selección de los cónyuges. Con la creciente indulgencia en favor del casamiento por amor se ha eliminado de hecho el fundamento del matrimonio, aquello que hace de él una institución. No se funda jamás una institución sobre una idea; no se funda el matrimonio, como queda dicho, sobre el “amor”, sino sobre el instinto sexual, el instinto de propiedad (mujer e hijo como .propiedad), el instinto de dominación, que constantemente organiza el señorío más pequeño, la familia, y necesita de hijos y herederos para mantener también fisiológicamente un grado logrado de poder, influencia y riqueza; para preparar largas tareas, solidaridad instintiva a través de centurias. El matrimonio como institución implica ya la afirmación de la forma de organización más grande, más perdurable; si la sociedad misma no puede dar garantías, como un todo, hasta las generaciones más remotas, el matrimonio no tiene sentido. El matrimonio moderno ha perdida su sentido; en consecuencia, debe procederse a abolirlo. “Libertad a que yo no aspiro...” En tiempos como los actuales, estar librado a los instintos es una fatalidad más. Estos instintos se contradicen, se obstruyen y se destruyen unos a otros; yo defino lo moderno como la contradicción fisiológica consigo mismo. La razón, la educación, exigiría que bajo una presión férrea se paralizara, por lo menos, uno de estos sistemas de instintos para permitir a otro expandirse, adquirir fuerza y llegar a prevalecer. Hoy día debiera hacerse posible al individuo podándolo: posible quiere decir íntegro... Sin embargo, suele hacerse justamente lo contrario: los que con más vehemencia reivindican la independencia, el desarrollo libre de trabas, el laisser aller, son precisamente los que más tienen de rienda y freno, lo mismo in politicis que en arte. Mas se trata de un síntoma de la decadencia; nuestra noción moderna de la “libertad” es una prueba más de la degeneración de los instintos. Donde hace falta la fe. Nada hay tan raro entre moralistas y santos como la probidad; tal vez afirmen lo contrario y es posible que hasta lo crean. Pues cuando creer es más útil, eficaz y convincente que fingir de modo consciente, el fingimiento, por instinto, no tarda en tornarse inocencia: tesis capital para la comprensión de los grandes santos. También en el caso de los filósofos, tipo diferente de santos; es un “gaje del oficio” eso de admitir solamente determinadas verdades, esto es, aquellas en base a las cuales su oficio cuenta con la sanción pública; en el lenguaje de Kant: verdades de la razón práctica. Saben lo que deben demostrar; en esto son gente práctica; el acuerdo sobre “las verdades” es el signo por el cual se reconocen. “No mentirás” significa, en definitiva: cuidado, señor filósofo, con decir la verdad... Una sugestión para los conservadores. He aquí algo que antes no se supo y ahora se sabe: no es posible la regresión, el retorno, en ningún sentido ni grado. Los fisiólogos, por lo menos, lo sabemos. Mas todos los sacerdotes y moralistas han creído en esta posibilidad; pretendían retraer a la humanidad por la fuerza a una medida anterior de virtud. La moral siempre ha sido un lecho de Procusto. Hasta los políticos han seguido en esto las huellas de los predicadores de la virtud; hay aún partidos que sueñan con la regresión de todas las cosas. Sin embargo, nadie está en libertad de retroceder. Quiérase o no, hay que avanzar, quiere decir, avanzar paso a pasó por el camina de la décadence (tal es mi definición del moderno “progreso” ... ). Se puede poner trabas a esta evolución y así estancar, acumular, hacer más vehemente y fulminante la degeneración misma, aunque no se pueda hacer más. Mi concepto del genio. Los grandes hombres, como las grandes épocas, son explosivos donde está acumulado un poder tremendo; su propósito es siempre, en el orden histórico y el fisiológico, que durante largo tiempo se haya concentrado, acumulado, ahorrado y preservado con miras a ellos; que durante largo tiempo no haya ocurrido ninguna explosión. Cuando la tensión en la masa se ha hecho excesiva, basta el estímulo más casual para producir el “genio”, la “magna realización”, el gran destino. ¡Qué importa entonces el ambiente, la época, el “espíritu de la época”, la “opinión pública”! Veamos el caso de Napoleón. La Francia de la Revolución, y sobre todo la de antes de la Revolución, hubiera producido el tipo opuesto al de Napoleón; y lo produjo, en efecto. Y porque Napoleón fue diferente, heredero de una civilización más fuerte, más larga, más antigua que aquella que se venía abajo en Francia, llegó a ser amo, fue únicamente el amo. Los grandes hombres son necesarios, la época en que se presentan es accidental; el que casi siempre lleguen a dominarla depende sólo de que sean más fuertes, más antiguos; de que durante más tiempo se hayan concentrado y acumulado con algún propósito. Entre un genio y su época existe una relación como entre lo fuerte y lo débil, también como entre lo viejo y lo joven; la época siempre es relativamente mucho más joven, floja, falta de madurez, falta de seguridad, infantil. Que prevalezca ahora en Francia una noción muy diferente sobre este asunto (también en Alemania, pero no importa); que allí la teoría del milieu, una verdadera teoría de neuróticos, haya llegado a ser sacrosanta y casi científica, aceptada hasta por los fisiólogos, “huele mal” e invita pensamientos melancólicos. Tampoco en Inglaterra se piensa sobre el particular; pero nadie se aflija. Al inglés le están abiertos tan sólo dos caminos: entendérselas con el genio y “gran hombre”, ya sea democráticamente, al modo de Buckle, o religiosamente, al modo de Carlyle. El peligró que entrañan los grandes hombres y las grandes épocas es extraordinario; les sigue de cerca el agotamiento en todo sentido, la esterilidad. El gran hombre es un final. El genio, en la obra, en la magna realización, es necesariamente un derrochador; el gastarse es su grandeza... El instinto de conservación está en él, en cierto modo, desconectado; la irresistible presión de las fuerzas desbordantes le impide todo cuidado y cautela de esta índole. Se le llama a esto “abnegación”; se ensalza el “heroísmo” de tal actitud, la indiferencia hacia el propio bienestar, la devoción por una idea, por una magna causa, por una patria; pero se trata, sin excepción, de malentendidos... El gran hombre rebosa, se desborda, se gasta sin reservas; fatalmente, involuntariamente, como es involuntario el desbordamiento de un río. Mas porque se debe mucho a tales expansiones se les ha desarrollado una especie de moral superior... Y bueno, es propio de la gratitud humana entender mal a sus bienhechores.&lt;/h4&gt;&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Follar menos que los Roper. &lt;/h3&gt;&lt;br /&gt;&lt;h4&gt;Tercero. Con respecto al mismo capital circulante empleado (tanto el variable como el constante), la duración de los períodos de rotación, cuando obedecen a la duración del período de trabajo, se traduce en esta diferencia: cuando el capital describe varias rotaciones al año, puede ocurrir que algún elemento del capital circulante constante o variable sea suministrado por su propio producto, como sucede en los ramos de producción de carbón de bulla, de confección de ropas, etc. En otro caso no, al menos dentro del año. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.net&quot;&gt;De putas en Madrid&lt;/a&gt; Si partimos, además, del supuesto de que, permaneciendo iguales las demás circunstancias –entre ellas, la duración, la intensidad y la productividad de la jornada de trabajo– , cambia la distribución del producto de valor entre el salario y la plusvalía, porque aumente el primero y se reduzca la segunda, o viceversa, vemos que esto no afecta para nada a la masa del dinero circulante. Este cambio puede operarse sin que medie ninguna expansión o contracción de la masa de dinero que se halla en circulación. Fijémonos, concretamente, en el caso en que los salarios experimentan un alza general y en que, por tanto, –partiendo de las condiciones indicadas–, desciende de un modo general la cuota de la plusvalía y en que, además, según la hipótesis de que se parte, no sufre alteración alguna el valor de la masa circulante de valor. En este caso, aumentará indudablemente, el capital–dinero que es necesario desembolsar como capital variable en las mismas proporciones exactamente en que aumenta la masa de dinero necesaria para llena la función de capital variable, disminuirá la plusvalía y también, como es lógico, la masa de dinero necesaria para su realización. La suma de la masa de dinero necesaria para la realización del valor de las mercancías no resulta afectada para nada por este cambio, como tampoco el valor mismo de las mercancías. El precio de costo de la mercancía aumenta para cada capitalista de por sí, pero su precio social de producción permanece intacto. Lo que se altera es la proporción en que, independientemente de la parte constante del valor, se divide el precio de producción de las mercancías en salario y ganancia. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.es&quot;&gt;Escorts Bilbao&lt;/a&gt; Queda resuelto de este modo el absurdo problema de si la producción capitalista (incluso considerada solamente desde este punto de vista) podría mantenerse con su desarrollo actual sin el sistema de crédito, es decir, a base de una circulación puramente metálica. No podría mantenerse, evidentemente. Tropezaría, por el contrarío, con obstáculos en el volumen de la producción de metales preciosos. Por otra parte, no hay que formarse tampoco ideas místicas acerca de la capacidad productiva del sistema de crédito, en la medida en que moviliza, o pone en circulación capital–dinero. Pero no es éste el lugar indicado para seguir des arrollando este problema. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.com.es&quot;&gt;http://www.girlsbcn.com.es&lt;/a&gt; Pero puede también ocurrir, y es la tercera hipótesis, que, partiendo de una escala dada de producción y permaneciendo invariables el ritmo de rotación y los precios de los elementos del capital productivo circulante, suba o baje el precio de los productos de la industria X. Sí baja el precio de las mercancías producidas por esta industria, el precio de su capital–mercancías descenderá de 600 libras esterlinas, que arrojaba hasta ahora en la circulación, a 500 libras, por ejemplo. Esto quiere decir que dejará de refluir del proceso de circulación la sexta parte del valor del capital desembolsado (aquí, se prescinde de la plusvalía encerrada en el capital–mercancías); esta sexta parte se pierde en el proceso de circulación. Pero, como el valor o el precio de los elementos de producción sigue siendo el mismo, nos encontramos con que el reflujo actual de 500 libras esterlinas sólo basta para cubrir 5/6 del capital de 600 libras constantemente retenido en el proceso de producción. Por consiguiente, para mantener la producción en la misma escala de antes habría que invertir 100 libras esterlinas de capital–dinero adicional. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbarcelona.com&quot;&gt;girlsbarcelona&lt;/a&gt; &lt;br /&gt; mediante la transformación del capital–dinero en capital productivo, el capitalista obtiene la combinación de los factores materiales y personales de la producción, en la medida en que estos factores consisten en mercancías. Para que el dinero pueda convertirse por vez primera en capital productivo o funcionar por vez primera como capital–dinero para su poseedor, tiene que empezar por comprar los medios de producción, los edificios en que se ha de trabajar, la maquinaria, etc., antes de comprar la fuerza de trabajo; pues tan pronto como ésta se halla a su disposición, necesita disponer de los medios de producción adecuados para poder emplearla como fuerza de trabajo. &lt;a href=&quot;http://www.girlsmadrid.com&quot;&gt;Clubs de alterne en Madrid&lt;/a&gt; L&#039;art pour l&#039;art. La lucha por el fin en el arte es siempre la lucha contra la tendencia a la moraliza­ción en el arte, contra su subordinación a la moral. L&#039;art pour l&#039;art quiere decir: “¡que se vaya al diablo la moral!” Mas aun esta hostilidad revela el imperio del prejuicio. Una vez excluido del arte el fin de la moralización y del perfeccionamiento de los hombres, no por eso el arte carece necesariamente de fin, meta y sentido y es necesariamente l&#039;art pour l&#039;art-un gusano que se muerde la cola. “¡Ni fin moral, ni fin alguno!&#039;-, así habla la pura pasión. El sicólogo, en cambio, pregunta: ¿qué hace todo arte?, ¿no elogia?, ¿no exalta?, ¿no escoge?, ¿no destaca? Con todo esto, robustece o debilita determinadas valoraciones... ¿Se trata tan sólo de una cosa accidental?, ¿de una casualidad?, ¿de algo en que el instinto del artista no interviene para nada? ¿O bien de la idea del poder del artista?... El instinto más profundo del artista, ¿tiende al arte?, ¿no tiende al sentido del arte, a la vida?, ¿a un ideal de vida? Si el arte es la gran inci­tación a la vida, ¿cómo considerarlo carente de fin y meta, de acuerdo con l&#039;art pour l&#039;art? Sigue enton­ces en pie este interrogante: el arte plasma también muchas cosas feas, duras y problemáticas de la vida. ¿Se aparta de ella? Y, en efecto, ha habido filósofos que le daban este sentido. Schopenhauer enseñaba como propósito total del arte: “liberarse de la volun­tad”, y ensalzaba “inducir a la resignación” como la gran utilidad de la tragedia. Pero esto, según ya lo di a entender, es óptica de pesimista y “mal de ojo”; hay que apelar a los artistas mismos. ¿Qué comunica el artista trágico de su intimidad? ¿No exhibe él pre­cisamente el estado exento de miedo ante lo pavoroso y problemático? En este estado es una aspiración elevada; quien lo conoce le rinde los máximos hono­res. Lo comunica, no puede por menos de comuni­carlo, siempre que sea un artista, un genio de la co­municación. La valentía y libertad del sentimiento ante un enemigo poderoso, ante una sublime desven­tura, ante un problema que sobrecoge; este estado triunfante es el que elige y exalta el artista trágico. Ante la tragedia, lo que hay de guerrero en nuestra alma celebra sus saturnales; quien está acostumbrado a sufrir y va en procura del sufrimiento, el hombre heroico, con la tragedia ensalza su existencia; única­mente a él sirve lo trágico la bebida de esta dulcísima crueldad. &lt;a href=&quot;http://www.girlsvalencia.com&quot;&gt;Chicas de compañía en valencia&lt;/a&gt; Hay aún algunos ejemplos de que brotan igualmente de la voluntad los movimientos por excitante (los involuntarios) y los debidos a motivos (voluntarios), entrando aquí los casos en que un mismo movimiento se debe, ya a excitante, ya a motivo, como, v gr., la contracción de la pupila. Suele verificarse ésta por excitante que es el aumento de luz, y por motivo, siempre que nos esforzamos por examinar un objeto, bien pequeño o lejano, porque la contracción de la pupila efectúa visión clara más de cerca, pudiendo darle mayor claridad aún si miramos por un agujero hecho con una aguja, y dilatamos, por la inversa, la pupila cuando queremos ver en lontananza. Y no han de brotar de fuentes fundamentalmente diversas, por alternativa, movimientos iguales del mismo órgano. E. H. Weber en su programa, additamenta ad E. H. Weberi tractatum de motu iridis, Lipsiœ, 1823, nos cuenta que ha descubierto en sí mismo la facultad de dilatar y contraer a voluntad la pupila de un ojo, dirigida a un solo y mismo objeto, mientras queda cerrado el otro ojo, lo cual hace que se le muestre el objeto ya claro, ya indistinto. También Juan Müller trata de probar en su Manual de Fisiología que la voluntad obra sobre la pupila. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.net/barcelona_escorts.htm&quot;&gt;Escorts de lujo en Barcelona&lt;/a&gt; Esta acusación a que nos referimos aparece formulada por vez primera, que yo sepa, por R. Meyer, Emanzipationshampf des vierten Standes, p. 43: &quot;De estas publicaciones (es decir, de !as publicaciones de Rodbertus, que se remontan a la segunda mitad de la década del treinta) ha tomado Marx, como puede probarse, la mayor parte de su crítica.&quot; Mientras no se me presenten otras pruebas, tengo que suponer que toda la &quot;fuerza probatoria&quot; de esta afirmación consiste en que así se lo ha asegurado Rodbertus al señor Meyer. En 1879 aparece en escena el propio Rodbertus y escribe a J. Zeller (Zeitschrift für die gesammte Staatswissenschaft, Tubinga, 1879, p. 219), refiriéndose a su obra Zur Erkenntnis urserer staatswirtschaftlichen Zustände (1842), en los términos siguientes: &quot;Se dará usted cuenta de que ella (la argumentación desarrollada allí) ha sido utilizada ya... muy bonitamente por Marx, naturalmente sin citarme.&quot; Su editor póstumo, T. Kozak, repite, sin pararse en averiguaciones, esta cháchara de Rodbertus (Das Kapital, por Rodbertus, Berlín, 1884. Introducción, p. XV). Finalmente, en las Briefe und sozialpolitische Aufsätze del Dr. Rodbertus–Jagetzow, editados por R. Meyer en 1881, Rodbertus dice, sin andar con rodeos: &quot;Hoy, me veo saqueado por Schäffle y Marx, sin que ni siquiera me mencionen&quot; (carta núm. 60, p. 134). Y en otro pasaje, la pretensión de Rodbertus cobra contornos aún más rotundos: &quot;En mí tercera carta social, he puesto de manifiesto, sustancialmente lo mismo que Marx, sólo que de un modo mucho más breve y más claro, de dónde nace la plusvalía del capitalista&quot; (carta núm. 48, p. 111 ). &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.net/espana/murcia.htm&quot;&gt;Escorts Murcia&lt;/a&gt; En realidad, el fenómeno del almacenamiento se presenta bajo tres formas distintas: bajo la forma del capital productivo, bajo la forma del fondo individual de consumo y bajo la forma del almacenamiento de mercancías o de capital–mercancías. Bajo una de estas formas disminuye relativamente cuando aumenta bajo otra, aunque, en términos absolutos, pueda crecer bajo las tres formas al mismo tiempo. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.net/espana/sevilla.htm&quot;&gt;Escorts Sevilla&lt;/a&gt; En cambio, una circulación más rápida del dinero no implica, a la inversa, necesariamente, una rotación más acelerada del capital y, por tanto, una rotación más rápida del dinero; es decir, no implica forzosamente un acortamiento y una renovación más rápida del proceso de reproducción. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.net/sexo_barcelona.htm&quot;&gt;sexo barcelona&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; El rasgo fundamental de mi doctrina, lo que la coloca en contraposición con todas las que han existido, es la total separación que establece entre la voluntad y la inteligencia, entidades que han considerado los filósofos, todos mis predecesores, como inseparables y hasta como condicionada la voluntad por el conocimiento, que es para ellos el fondo de nuestro ser espiritual, y cual una mera función, por lo tanto, la voluntad del conocimiento. Esta separación, esta disociación del yo o del alma, tanto tiempo indivisible, en dos elementos heterogéneos, es para la filosofía lo que el análisis del agua ha sido para la química, si bien este análisis fue reconocido al cabo. En mi doctrina, lo eterno e indestructible en el hombre, lo que forma en él el principio de vida, no es el alma, sino que es, sirviéndonos de una expresión química, el radical del alma, la voluntad. La llamada alma, es ya compuesta; es la combinación de la voluntad con el nouz, el intelecto. Este intelecto es lo secundario, el posterius del organismo, por éste condicionado, como función que es del cerebro. La voluntad, por el contrario, es lo primario, el prius del organismo, aquello por lo que éste se condiciona. Puesto que la voluntad es aquella esencia en sí, que se manifiesta primeramente en la representación (mera función cerebral ésta), cual un cuerpo orgánico, resulta que tan sólo en la representación se le da a cada uno el cuerpo como algo extenso, articulado, orgánico, no fuera ni inmediatamente en la propia conciencia. Así como las acciones del cuerpo no son más que los actos de la voluntad que se pintan en la representación, así su substracto, la figura de este cuerpo, es su imagen en conjunto; y de aquí que sea la voluntad el agens en todas las funciones orgánicas del cuerpo, así como en sus acciones extrínsecas. La verdadera fisiología, cuando se eleva, muéstranos lo espiritual del hombre (el conocimiento), como producto de lo físico de él, lo que ha demostrado cual ningún otro, Cabanis; pero la verdadera metafísica nos enseña que eso mismo físico no es más que producto o más bien manifestación de algo espiritual (la voluntad) y que la materia misma está condicionada por la representación, en la cual tan sólo existe. La percepción y el pensamiento se explicarán siempre, y cada vez mejor, por el organismo; pero jamás será explicada así la voluntad, sino que, a la inversa, es por ésta por lo que el pensamiento se explica, como lo demuestro en seguida. Establezco, pues, primeramente la voluntad, como cosa en sí, completamente originaria; en segundo lugar su mera sensibilización u objetivación el cuerpo; y en tercer término el conocimiento, como mera función de una parte del cuerpo. Esta parte misma es el querer conocer (Erkennenwollen, la voluntad de conocer) objetivado (hecho representación), en cuanto necesita la voluntad para sus fines, del conocimiento. Mas esta función condiciona, a su vez, el mundo todo, como representación y con éste al cuerpo mismo, en cuanto objeto perceptible y hasta a la materia en general, como existente no más que en la representación. Porque, en efecto, un mundo objetivo sin un sujeto en cuya conciencia exista, es, bien considerado, algo eternamente inconcebible. El conocimiento y la materia (sujeto y objeto), no son, pues, más que relativos el uno respecto al otro, formando el fenómeno. Así como queda la cuestión, como no había estado hasta hoy, merced a mi alteración fundamental. &lt;a href=&quot;http://www.anibcn.com&quot;&gt;francés completo&lt;/a&gt; Cuando se examina la segunda parte del tiempo de circulación, en la que el dinero revierte a los elementos del capital productivo, no hay que fijarse solamente en este trueque de por sí, ni en el tiempo durante el cual el dinero revierte, según la distancia a que se halla el mercado, en el que el producto se vende; hay que tener en cuenta también, y sobre todo, la extensión en que una parte del capital desembolsado tiene que existir constantemente en forma de dinero, bajo la modalidad de capital–dinero. &lt;a href=&quot;http://www.deliciasbcn.com&quot;&gt;DeliciasBCN&lt;/a&gt;&lt;/h4&gt;&lt;br /&gt;&lt;h3&gt;Morderse los codos [de impaciencia] &lt;/h3&gt;&lt;br /&gt;&lt;h4&gt;Así como la jornada de trabajo es la unidad natural de medida para la función de la fuerza del trabajo, el año es la unidad natural de medida para las rotaciones del capital puesto en acción. La base natural de esta unidad de medida estriba en el hecho de que los frutos más importantes de la tierra en la zona templada, que fue la cuna de la producción capitalista, son productos anuales. &lt;a href=&quot;http://www.erosbcn.com&quot;&gt;Barcelona relax&lt;/a&gt; Ahora bien; si A. Smith quería ocuparse, como lo hace, ya al estudiar el valor de las mercancías, del papel que corresponde a sus diversas partes en el proceso total de la reproducción, era evidente que si algunas partes especiales funcionan como rentas otras funcionan constantemente también como capital, debiendo, por tanto, ser designadas asimismo, con arreglo a su lógica, como partes integrantes del valor de las mercancías o partes en que se descompone este valor. &lt;a href=&quot;http://www.escortbarcelona.com.es&quot;&gt;acompañante independiente&lt;/a&gt;         Por consiguiente, si bien es cierto que la aceleración del período de trabajo va casi siempre unida al aumento del capital desembolsado para un plazo más corto, de modo que ha medida que se acorte el plazo de desembolso aumenta la masa del capital que es necesario desembolsar, debemos recordar aquí que, prescindiendo de la masa del capital social existente, ello depende del grado en que se hallen dispersos o reunidos en manos de los capitalistas individuales los medios de producción y de subsistencia o la posibilidad de disponer de ellos; es decir, de las proporciones que haya cobrado ya la concentración del capital. El crédito, en la medida que se fomenta y acelera la concentración del capital en pocas manos, contribuye también a acortar el período de trabajo, y por tanto el tiempo de rotación. &lt;a href=&quot;http://www.escortmadrid.com.es&quot;&gt;http://www.escortmadrid.com.es&lt;/a&gt; Y ahora, permítaseme que traiga aquí una vieja historia. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.org&quot;&gt;bcn girls&lt;/a&gt; Por tanto, al alargar la jornada de trabajo, la producción capitalista, que es, en sustancia, producción de plusvalía, absorción de trabajo excedente, no conduce solamente al empobrecimiento de la fuerza humana de trabajo, despojada de sus condiciones normales dé desarrollo y de ejercicio físico y moral. Produce, además, la extenuación y la muerte prematuras de la misma fuerza de trabajo.73 Alarga el tiempo de producción del obrero durante cierto plazo a costa de acortar la duración de su vida. &lt;a href=&quot;http://www.girlsbcn.org&quot;&gt;escorts Madrid&lt;/a&gt; Pero aun suponiendo que la construcción de la nueva maquinaria diese trabajo a un número mayor de mecánicos, ¿qué compensación supondría esto para los alfombreros lanzados al arroyo? En el mejor de los casos, la fabricación de las nuevas máquinas dará siempre trabajo a menos obreros que los desplazados por su empleo. Plasmada en forma de maquinaria la suma de 1,500 libras esterlinas, que antes no representaba más que el salario de los alfombreros despedidos, representará ahora: 1º el valor de los medios de producción necesarios para fabricar las máquinas; 2º el salario de los mecánicos que las construyen; 3º la plusvalía que corresponde a su &quot;patrono&quot;. Además, una vez construida, la máquina no necesita ser renovada hasta que muere. Por tanto, para que este número suplementario de mecánicos encontrase trabajo de un modo permanente, sería necesario que unos fabricantes de alfombras tras otros desplazasen a sus obreros por maquinas. &lt;a href=&quot;http://www.sexoanuncios.com.es&quot;&gt;contactos bilbao&lt;/a&gt; Los pequeños medios de producción, que el propio productor utiliza como medios de trabajo y de vida, sin explotarlos mediante la absorción de trabajo ajeno, no constituyen capital, como tampoco constituye mercancía el producto consumido por el mismo produc­tor. Y aunque disminuyese la masa de población, y con ella la masa de los medios de producción aplicados en la agricultura, aumento la masa de capital empleado en ella, al convertirse en capital una parte de los medios de producción desperdigados antes en poder de los productores.&lt;/h4&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;h4&gt;La lucha entre el capitalista y el obrero asalariado se inicia al comenzar el capitalismo. Esta lucha se desarrolla a lo largo de todo el período manufacturero.107 Sin embargo, el obrero no lucha contra el mismo instrumento de trabajo, es decir, contra la modalidad material de existencia del capital, hasta la introducción de la maquinaria. Se subleva contra esta forma concreta que revisten los medios de producción, como base material del régimen de producción capitalista. &lt;a href=&quot;http://www.sexoanuncios.com.es&quot;&gt;escorts bilbao&lt;/a&gt;  de 20 a 30 hombres sin trabajo. Los colonos no trabajan siempre a satisfacción las tierras y las huertas, y el terrateniente ha creído oportuno fundir en dos o tres todos sus contratos de arriendo. De ahí la escasez de trabajo. Mientras del lado de allá de la zanja la tierra clama por trabajo, del lado de acá los jornaleros esquilmados le lanzan miradas llenas de nostalgia. Fe­brilmente sobrecargados de trabajo en verano y medio muertos de hambre en invierno, no es extraño que estos braceros digan, en su dialecto, que “the parson and gentlefolks seem  frit to death at them.”106 &lt;a href=&quot;http://www.sexoanuncios.com.es&quot;&gt;saunas girona&lt;/a&gt; Es de un sentimentalismo extraordinariamente barato tachar de burda esta valoración de la fuerza de trabajo derivada de la propia naturaleza del fenómeno y exclamar, con Rossi: “Concebir la ca­pacidad de trabajo (puissance de travail) haciendo caso omiso de los medios de subsistencia del trabajo durante el proceso de pro­ducción, equivale a concebir un parto cerebral (étre de raison). Quien dice trabajo, quien dice capacidad de trabajo, dice al propio tiempo obrero y medios de subsistencia del obrero, obrero y salario.”48 No; quien dice capacidad de trabajo no dice trabajo, del mismo modo que no es lo mismo capacidad para digerir que digestión. Para digerir no basta, ciertamente, con tener un buen estómago. Cuando decimos capacidad de trabajo, no hacemos caso omiso de los medios de vida necesarios para alimentarla. Lejos de ello, expresamos el valor de éstos en el valor de aquélla. Y si no logra venderla, al obrero no le sirve de nada; antes al contrario, considera como una cruel fatalidad el que su capacidad de trabajo exija una determinada cantidad de medios de vida para su producción y siga exigiéndolos constantemente para su reproducción. Y descubre, con Sismondi, que “la capacidad de trabajo... no es nada, si no se la vende”.49 &lt;a href=&quot;http://www.bcnbox.com&quot;&gt;http://www.bcnbox.com&lt;/a&gt; En la primavera de 1872 se publicó en San Petersburgo una excelente traducción rusa de El Capital. La tirada, de 3,000 ejemplares, se halla casi agotada. Ya en 1871, el señor N. Sieber, profesor de Economía política en la Universidad de Kiev, en una obra titulada Teoría Zennosti i Kapitala D. Rikardo (&quot;La teoría del valor y del capital en D. Ricardo&quot;), había informado sobre mi teoría del valor, del dinero y del capital, en sus rasgos fundamentales, presentándola como el necesario desarrollo de la doctrina de Smith y Ricardo. El lector occidental de este insólito libro se encuentra sorprendido ante la consecuencia con que el autor sabe mantener su punto de vista puramente teórico. &lt;a href=&quot;http://www.grafsalas.com&quot;&gt;estampas primera comunion&lt;/a&gt; Desde 1848, la producción capitalista comenzó a desarrollarse rápidamente en Alemania, y ya hoy da su floración de negocios turbios. Pero la suerte seguía siendo adversa a nuestros economistas. Cuando habían podido investigar libremente la economía política, la realidad del país aparecía vuelta de espaldas a las condiciones económicas modernas. Y, al aparecer estas condiciones, surgieron en circunstancias que no consentían ya un estudio imparcial de aquéllas sin remontarse sobre el horizonte de la burguesía. La economía política, cuando es burguesa, es decir, cuando ve en el orden capitalista no una fase históricamente transitoria de desarrollo, sino la forma absoluta y definitiva de la producción social, sólo puede mantener su rango de ciencia mientras la lucha de clases permanece latente o se trasluce simplemente en manifestaciones aisladas. &lt;a href=&quot;http://www.nightspain.com&quot;&gt;bares de copas en valencia&lt;/a&gt; Como la deuda pública tiene que ser respaldada por los ingresos del Estado, que han de cubrir los intereses y demás pagos anuales, el sistema de los empréstitos públicos tenía que tener forzosamente su complemento en el moderno sistema tributario. Los empréstitos permiten a los gobiernos hacer frente a gastos extraordinarios sin que el contribuyente se dé cuenta de momento, pero provocan, a la larga, un recargo en los tributos. A su vez, el recargo de impuestos que trae consigo la acumulación de las deudas contraídas sucesivamente obliga al gobierno a emitir nuevos empréstitos, en cuanto se presentan nuevos gastos extraordinarios. El sistema fiscal moderno, que gira todo él en torno a los impuestos sobre los artículos de primera necesidad (y por tanto a su encarecimiento) lleva en sí mismo, como se ve, el resorte propulsor de su progresión automática. &lt;a href=&quot;http://www.nightspain.com&quot;&gt;guia ocio valencia&lt;/a&gt; 97 bis Ejemplo: los diversos aparatos mecánicos introducidos en las fábricas de algodón desde la ley de 1844, para suplir el trabajo infantil. Tan pronto como los hijos de los propios señores patronos tengan que &quot;cursar&quot; también como peones de la fábrica, este campo casi inexplorado de la mecánica cobrará un auge maravilloso. &quot;Las selfating mules son tal vez unas máquinas tan peligrosas como otras cualesquiera. La mayoría de los accidentes ocurren a los niños pequeños, al agazaparse debajo de la máquina para barrer el suelo mientras aquélla funciona. Varios &quot;minders&quot; (obreros que trabajan en la mule) fueron denunciados ante los tribunales (por los inspectores de fábricas) y condenados a multas por estas transgresiones, pero sin provecho alguno general. Si los constructores de máquinas pudiesen inventar un barredor automático, para que estos niños pequeños no tuviesen que arrastrarse debajo de las máquinas para barrer, contribuirían considerablemente a reforzar nuestras medidas de protección&quot;. (Reports of Insp. of Factories for 31 st October 1876, p. 63.) &lt;a href=&quot;http://www.pisobcn.com&quot;&gt;pisobcn.com&lt;/a&gt; 27 Allí donde la máquina desplaza a los caballos o bestias de labor en general, empleados como simple fuerza motriz y no como máquinas de intercambio de materias, esta parte de valor añadida por la máquina desciende en términos absolutos y relativos. Diremos de pasada que, al definir los animales como simples máquinas, Descartes ve las cosas con los ojos del período manufacturero. a diferencia de la Edad Media, en que las bestias eran consideradas como auxiliares del hombre, como más tarde vuelve a considerarlas Herr von Haller en su Restauración de las Ciencias Políticas. Que Descartes, al igual que Bacon, consideraba los cambios de forma operados en la producción y la asimilación práctica de la naturaleza por el hombre como el fruto de los cambios experimentados por el método de pensar, lo demuestra su Discours de la Méthode, donde leemos: &quot;Cabe [mediante el método introducido por él. por Descartes, en la filosofía] llegar a conocimientos muy útiles para la vida y, en lugar de aquella filosofía especulativa que se enseña en las escuelas, descubrir una aplicación práctica de estos conocimientos mediante la cual –conociendo las fuerzas y los efectos del fuego, del agua, del aire, de los astros y de todos los demás cuerpos que nos rodean, con la misma precisión que las diferentes industrias de nuestros artesanos– podríamos emplear nuestra ciencia del mismo modo y para todos los fines útiles a que se presta; de este modo, podríamos convertirnos en maestros y dueños de la naturaleza, y &quot;contribuir al perfeccionamiento de la vida humana&quot;. En el prólogo a la obra de Sir Dudley North, Discourses upon Trade (1691). se dice que el método de Descartes, aplicado a la economía política, ha comenzado a emancipar a esta ciencia de las, antiguas leyendas y creencias supersticiosas acerca del dinero, del comercio. etc. Sin embargo, en general, los economistas ingleses de épocas anteriores se atienen a Bacon y Hobbes como a sus filósofos: en cambio la economía política inglesa actual, la francesa y la italiana, ven en Locke &quot;el filósofo&quot; [por excelencia].&lt;br /&gt;&lt;/h4&gt;&lt;br /&gt;</description>
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		<title>¡Bienvenido !</title>
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		<pubDate>2008-05-29T15:54:46Z</pubDate>
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